sábado, 4 de novembro de 2017

Luz Pichel sobre Celebración


Celebración de “Celebración”. Un libro escrito en gallego en 2014 que fue premio de la crítica, que fue premio nacional de poesía joven y que se traduce al castellano por iniciativa privada tres años más tarde, en 2017. Celebramos que existan editoriales con la inteligencia y las ganas que nuestras administraciones no ponen. Porque no les interesan ni la cultura, ni mucho menos la poesía, ni menos aún / aínda / todavía una lengua que no va a morir a pesar de ellos, no va a caer mientras haya Hermos con “H” y ermos sin ella (baldíos, bosques carbonizados) y gentes y pueblos, poetas como cualquiera, dándose la mano y pasándose unos a otros los calderos del agua, impotentes y utópicos.


A una amiga mía de crecimiento lento, le dijo una vez un médico oriental: plantas florece abril, plantas florecen mayos; tú, flor de octubre: paciencias, ritmo. Cuando una lee Celebración recuerda olores, edad, pisa humedades, toca carambanitos de hielo colgando y dice para sí: plantas florece frío eneros: celebración, granadas.

Cuenta Gonzalo Hermo que si plantas significa personas no es porque estemos creando una metáfora sino porque, como es obvio, todos hemos visto que en la palabra planta ya estaban todas las estaciones y toda maduración y los tiempos de ellas y de ellos. Esto no es una pipa.  La pretensión de univocidad en el discurso es una trampa y es una reducción. Y también es una pena. No hay claridad en eso claro. Desde que existe Celebración, en la palabra frío ya va estar para siempre un libro, dos: uno de tapas blancas y una granada con mucha lujuria abierta en las páginas centrales (abro el libro por el centro y aparece); otro, que carga todas las tentaciones húmedas y lascivas de los helechos de O Courel de acullá  (muestro el libro de La Bella Varsovia). Esta foto de María Sánchez es para la Historia, porque es de allá, de cuando Galicia aún / todavía / aínda no era más bien negra. Qué pena.


Esto no es una granada. También me daba pena que aquí no hubiera representada una granada. ¿Representada? ¿Traducida?

Plantas florece abril significa maduración temprana. Plantas florece invierno, frío, hielo, blancor de los caminos, significa maduración precoz. Celebración es un libro de una madurez que asusta muchísimo a poetas tardías como es una.

Antes de Celebración  hubo Crac, otro libro en que la edad y la fruta se adelantaron. Crac es el libro de un chico enfadado, un libro violento y lúcido, lleno de referencias culturales y lleno de Historia. Y de Geografía. Un libro seriamente político, como en clave política se lee Celebración, se puede leer. En el primer poema de aquel libro, que en nada desmerece, hay un verso así:

sólo la rabia motiva mi escritura

y también se nombra
mi odio visceral de niño mordido, mi verso violento  

y al final esto otro:

Sabed que algún día escribiré
sobre cómo los resentidos fuimos castrados
en qué lugar sucedió
y cuanto tiempo les bastó a aquellos que tuvieron a bien
antecederme
para romperme la boca.

Celebración, sólo tres años más tarde, parece haber aprendido a poner calma pero hay tensión, tensiones:
__Entre un yo enunciador y los múltiples yoes que convoca; entre un interlocutor que también es varios, incluido el yo; entre un nosotros que podría ser un nosotros dos o todas nosotras, o simplemente el mundo.

Tensión entre distancia y cercanía, entre sentido y  fuga, entre frío y calor; entre la piedra y lo que en ella no es piedra sino musgo, arena o cisne; tensión entre  silencio y  ruido, entre movimiento y quietud, entre una cierta  pureza original perdida y el deseo de recuperarla;  muerte y nacimiento, pérdida y  hallazgo, nostalgia y recuerdo. Pero todas las tensiones generan deseo, generan impulso, convocan a Eros más que a Thanatos, disponen el cuerpo para la muda, implican vida, terminan en vida, terminan en placer. Y no echar a volar las campanas tampoco porque ni es tan claro esto, ni tan sencillo: ¿no sufre la serpiente en el tiempo que dura su cambio de camisa?

Visto así, como un conjunto de tensiones muy concretas, todo podría parecer muy simple y muy dual si no fuera porque las palabras (frío, calor, piedra, insecto, silencio, ruido, mano que escribe o pinta, cualquiera de los nombres de este libro) se despliegan confusamente como haces de luz, como haces de luz pero si giran rápidos sobre un mundo, más rápidos o menos rápidos, más de día o más a la tardecita o más de noche, y entonces luz de un faro. Lo engañoso es lo unívoco. En esos flashes aparece lo visto y sus almas, sus fantasmas,  lo ambiguo, lo distinto, lo contrario. Una palabra es un paraguas y se abre, y también se cierra, incluso se clava. 

Las lenguas las tenemos ahí. Nuestras no son, están, como la lluvia, si estuviera.  Algunas se podrían morir. Entonces, un vacío muy grande. No volvería a llover, allí, aquí, en el cerebro-corazón.

En este libro, lo que a veces parece cerebro  parece corazón, la palabra frío significa fríos, poema se puede diluir hacia discurso sobre el poema,  lo que aparenta dual es que te invitan a hacer otra lectura.

Pasan cosas en el libro que vienen de allá afuera, de antes, y al leerlo se quedan del lado de acá, en el cuerpo de la lectora: la construcción es perfecta y explicable desde cada ladrillo, pero además va a ser habitable y va a ser cálida: hay sentido ahí.  Está el placer mismo de la lectura, que ya es un abrigo abrigoso, pero hay también construcción de sentido para un mundo, el nuestro, que necesita crear sentido. Celebración se puede leer en clave política.

Como la que teje un jersey en punto jackard, introduce líneas que se van tejiendo, carreritos que aparecen y desaparecen. Son aquellas tensiones, que a veces se deshacen  o se diluyen o se matizan, son olores, sabores, insectos, texturas . Hay hilos también para perderse, agujeritos (huecos de calado, decimos las que hacemos arte de  calceta). Pero vuelve obsesivamente el punto jersey, el de fondo: engañosamente parece que es el frío y sus aparecidas. A mí me parece que es la muda con su cuerpo dentro, su animalito. Hay una muda y sucede a la intemperie; al frío, serenamente al frío que protege. Muda lleva a camino, a despedida, llegada pero punto de partida, desconocimiento de lo que viene, disposición a seguir, renuncia a la nostalgia, protección de la memoria, aceptación de la muerte y, finalmente, del placer.  Todo ello se puede leer en clave personal pero me temo que no, que no es eso lo que quiere Gonzalo Hermo cuando dice

                        yo puedo ser tú cuando digo este cuerpo no me pertenece

Después de Crac y con Celebración, todo ello se puede leer entre la lírica y la épica pero sin los tics de ninguna de ellas, ni de otras, no hay tics, se lee como proceso de transformación de cuerpos que hacen cuerpo común, cuerpos en camino, yo, tú nosotros. Si atendemos a las citas que aparecen  delante de las partes del libro,  podríamos decir con Gamoneda “He llegado por fin, este no es mi lugar pero he llegado”,  con Eduard del Castillo  “Sempre estimaràs la terra amb què has compartit el fred”, con Jacques Derrida “No tengo más que una lengua, no es la mía”, con Antón Lopo “cómpre esquecer para deixar espazo ás cousas verdadeiramente importantes” y con Chus Pato “Esquezo, / esquezo de corazón”.

Todo se puede leer pensando en el paisaje que nos toca habitar juntos en estos tiempos tan necesitados de una muda radical. Ni la lengua más nuestra nos pertenece: es de usar y mudar. A poesía é un fouciño que desbrava unha ribada e atopa a camisa dunha cobra.

La muda supone que una transformación irreversible y necesaria se ha producido. Y eso es una conquista. Empezar de cero sería deseable pero pesa el recuerdo, a veces quedan pedazos de camisa pegados al cuerpo. Preparando esta presentación googleé “muda de la culebra” y abrí un vídeo: en un zoo, con el ruido de fondo de todos los observadores (vamos a llamarles aquí “lectores”) una animal, un cuerpo frío, un corazón, un cerebro enredados en una rama, se arrastra mientras pierde muy lentamente su camisa. Creemos que será difícil, lleva un tiempo, implica un recorrido, será doloroso.  Sólo se consigue moviéndose y arañándose contra la corteza del soporte, tan áspera. Una piel azulada medio blanquita cubre los ojos de la serpiente. El resto de los humanos no tenemos que nunca tocar esa piel, no no, es malo para el bichito.  En cambio, si la camisa está incompleta, si faltan trozos es que todavía queda piel muerta pegada al animal, piel antigua como anaquitos de nostalgia, y veremos que se está dando un problema como  si de apego, de retención de muda. Mudar no es fácil, lo fácil es no aceptar la compañía de la muerte, aquietarse, traicionarse.

Sabremos que la cosa  ha ido bien si la piel ha salido toda, entera del todo, tanto que aparece otro yo, otra serpiente. Como si hubiera muerto, como si acabara de nacer. Entonces suponemos una sensación de placer  y las lectoras nos vamos al último poema, que se titula “El placer”.

Luz Pichel

Texto lido na presentación de Celebración (2017, La Bella Varsovia, tradución de Miriam Reyes) na libraría Nakama de Madrid o 30 de outubro de 2017.





martes, 13 de decembro de 2016

Un poema de Chus Pato para F. Cortegoso


Poema lido pola autora na mañá do 10 de decembro de 2016 no café Badía, 
en Vigo, na homenaxe dos poetas da cidade a Francisco Cortegoso




























A noite caía

e ti

que ata ese intre eras imperceptible 

materializácheste 

non che importaba a chuvia, nin o outono, nin o frío 

non querías marchar


A túa beleza estaba navegada por un delta 

as túas frases eran lentas 

como as de quen foi recrutado no 36 

e descarga toda a metralla sobre si


Eras pausado coma un avó 

partías o tempo como unha onda parte o mar


Non era de morte a orfandade

era ausencia 


Eras rapaz e servías ágapes 

os vidros o pan 

a vitela que fumega e marca o rumbo dos teus pasos

o polbo


As túas noites eran salvaxes 

sobre táboas comidas de verdello e lique

a rosada bañaba as túas maos

Ouriñaches contra as paredes dos grandes alpendres 

era quente o líquido, o leite


A túa casa era un val, de ollada moi ampla


Eran brancas as verbas 

como cortiza dun bosque de ribeira

eran cinza 

populosas como as cidades do delta 


En Berlín escribías unha tese interminable 

Londres non era segura


É así 

que o nome é infranqueable 

e da súa contemplación ou teoría

florece unha escritura 

e outra

e outra?


que a escritura é franca 

e nela flúe todo o que é nacido?


que se espalla 

sendo o seu cómaro un múltiple de nomes ou nome 

todos eles insensatos

sen posibilidade de lectura

mudos?


tal as pétalas na corola 

así escritura derredor dos nomes


por iso podías desatender 

e preguntar polo nome do brión que medra en forma de estrela

ou alzar a vista 

e dar coa diferente 

a folla da sobreira


mira mira 


No estrelecer a túa voz confundíase coas voces armenias da cidade


Un pardal, era un alción, o azul do alción cortando as augas? 


Como a folla do loureiro

como un coitelo de sílex

así a sombra 

cando ningún dos cascos do cabalo 

apaxa a terra

como o sexo dunha ninfa

así o ventre da voz


así medrou a miña envexa sobre a morte 


Xuntos estivemos en Córdoba 

eras unha pomba no peitoril da mañá 

e en Nápoles 

eras Sorrento e Capri e o Pausílipo 


A noite foi un pano de seda 

estenderon o mantel nun oasis 

alí onde as ratas corren o tronco da palmeira 

cara ao seu fogar

arriba

xunto os dátiles  


Chus Pato





























martes, 2 de agosto de 2016

Pasaxes, de Fernando Buide

Para min é unha honra que o compositor Fernando Buide (Santiago de Compostela, 1980), premio Michael Friedmann de investigación doutoral da Universidade de Yale, quixese incluír un poema de Celebración na súa última peza, titulada Pasaxes, que será estreada o 13 de outubro deste ano no Auditorio de Galicia, interpretada pola Real Filharmonía de Galicia baixo a dirección de Paul Daniel. O texto de Celebración será cantado pola soprano catalá Isabella Gaudí, xunto a un texto clásico de Edward Thomas.


Estou aquí. En fronte atópase o resto do mundo.

O vento do norte sutura o teu verbo a esta casa.
Instala o noso medo na raíz.
Ponlle nome a aquilo que cremos amar por moito tempo.

Pensa no instante en que soubemos que este muro caerá.
Abre a porta, deixa pasar os cans: que coman da mesa.

Para que cheire a terra a entroido ou barricada dunha vez.
Para que cheire a algo que se desfai e se compón constantemente.

Non deteñas a ollada na beleza do incendio.

Abre unha fisura.

Rompe o círculo.

Escapa

[De Celebración, Apiario, 2014]


Will you come?

Will you come?
Will you come?
Will you ride
So late
At my side?
O, will you come?

Will you come?
Will you come
If the night
Has a moon,
Full and bright?
O, will you come?

Would you come?
Would you come
If the noon
Gave light,
Not the moon?
Beautiful, would you come?

Would you have come?
Would you have come
Without scorning,
Had it been
Still morning?
Beloved, would you have come?

If you come
Haste and come.
Owls have cried;
It grows dark
To ride.
Beloved, beautiful, come.        
Edward Thomas 



martes, 5 de xullo de 2016

A oseira, de Antón Blanco


Boa tarde a todas, a todos.

D’A oseira podo dicir que para comprendela no seu alcance hai que ter unha educación literaria delongada, un vagar poético de longo alento. Ese é un dos riscos que corre este libro: que pase por diante dos nosos ollos sen que nos decatemos de canto hai de novidoso nel, por máis que o autor estableza un diálogo feliz con aquela liña poética dos 90 que Iris Cochón denominou corrente post-sublime e que recolle autores como Chus Pato, Xabier Cordal ou Manuel Outeiriño. Semella mentira que un rapaz que vén de saír da adolescencia sexa quen de discutir na súa praxe literaria os fundamentos en que se vén erixindo a poesía aquén do romantismo, a saber, a centralidade do suxeito e a transmisión dunha sentimentalidade vinculada ao coñecemento. Nada disto hai no libro de Antón Blanco. O suxeito autorreferenciado da poesía moderna, escasamente discutido aínda nos nosos días, deixa paso n’A oseira a unha perspectiva visual da enunciación poética que ten máis que ver coa narración obxectalista de Arrabaldo do norte de Ferrín ca co punto de vista omnisciente da novela do XIX: o poeta dá conta do que ve coa frialdade precisa dunha cámara de cine, sen saturar o poema coa súa subxectividade.


Hei de recoñecer que cando pechei por vez primeira este libro e me enfrontei á dureza do seu relato (os mortos do Somme, os afogados de Sálvora, o sangue do neno na pedra) tiven que recomezar inmediatamente a súa lectura para responder unha pregunta que daquela consideraba clave: que me di Antón Blanco sobre esta barbarie? Inxenuo de min, procuraba un discurso autoral sobre as feridas do conflito sen decatarme de que a súa aposta pasa por deixar nas miñas mans, nas mans dos seus lectores, as conclusións e as dores de cabeza.

Nunha carta dirixida a Gimferrer, comentaba Octavio Paz a propósito da poesía dos novos: “Habría que usar un lenguaje más ascético, más decididamente prosaico o más desgarrado, más seco… y sobre todo, que no se oiga la voz del autor, que la moral la extraiga el lector sin que el poeta se lo diga”. Parece como se Antón Blanco decidise converter os desexos do mestre nunha realidade tanxible. Blanco escolle a paisaxe e elixe o momento (o da deflagración, antes de que a carne sexa oseira –A oseira é un título invocativo e non exactamente referencial-), a disposición ética tirámola nós se nos prace. O poeta conténtase con obrigarnos a mirar alí onde os ollos quixeran renderse. E non é pouco.

O que talvez sexa un dos mellores poemas deste libro remata cun verso decisivo: A ferida mirámola pero non se pronuncia. Consciente das limitacións da linguaxe para dar conta do mundo, Antón opta por unha poética da escena visual, como se dun artista plástico, e non exactamente dun poeta, se tratase. Do meu punto de vista, a novidade esencial que achega este libro asenta precisamente en que enuncia imaxe e non discurso. E coido que poucas obras da nosa contorna poden fachendear de semellante xiro de temón.


A modo case que de invocación, gustaríame por último poñer a atención sobre un feito: Antón Blanco e Afonso Traficante, só por citar dous autores presentes, pertencen a unha xeración de poetas novos (novos nos dous sentido do termo) que están turrando pola poesía galega con brazada firme. Todo parece indicar que o sistema non dará encauzado a creatividade poética última nun discurso crítico meditado e probablemente acabe falando de poesía nova como rótulo válido de englobar a todos aqueles que non superamos os trinta e moitos. A fortaleza da poesía galega vista desde unha perspectiva diacrónica continúa a desbordar os marcos do sistema e coido que é bo que así sexa. Antón Blanco non é da miña xeración, como eu non son da xeración de Daniel Salgado ou Olalla Cociña, pero iso non importa, desbordemos todos o sistema. Haberá mellores tempos para a crítica.

Moitísimas grazas.


Gonzalo Hermo

[Texto lido por Antón Lopo no meu nome na presentación en Compostela d’A oseira, na libraría Chan da pólvora, o venres 1 de xullo de 2016. A fotografía do libro é de Irene García Paz]